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Las campañas municipales para la intendencia de Asunción hasta hoy se caracterizaban por el escaso interés que despertaban en la gente.

Eduardo Nakayama había optado por “no agredir” a su principal competidor, una decisión conveniente para Nenecho porque tiene mucha cola que le pisen. Para mucha gente, hasta resultaba sospechosa la “estrategia” de Nakayama, por ser casi autodestructiva. 

El punto es que, acorralado por las circunstancias y seguramente por los números, Nakayama decidió acordarse que Horacio Cartes gobierna el Partido Colorado y que Nenecho es parte de ese equipo mafioso que también hay que desterrar de Asunción. Nadie se hizo eco del cambio de dirección en el discurso de Nakayama, solo Nenecho, quien decidió defenderse y agredirlo atacando su ascendencia japonesa. Al parecer, para Nenecho, la gravedad de que gane Nakayama es, ni mas ni menos, que su ascendencia japonesa, y al parecer -y según el- es preferible sostener el modelo corrupto, mafioso y totalitario que propone Cartes.

Que Oscar Nenecho Rodríguez haya recurrido a un discurso xenófobo para desacreditar a Eduardo Nakayama, no significa necesariamente que tenga alguna animadversión hacia la comunidad japonesa, solo significa que realmente tiene muy poco que decir respecto de su adversario político, es decir, no sabe ni dónde golpearlo, lo que no solo habla bien de Eduardo Nakayama, sino que habla muy mal de sí mismo. 

Nenecho ha demostrado que no tiene reparos en intentar despertar un carácter xenófobo en una sociedad que nunca se ha caracterizado por ello, y difícilmente lo suceda hoy, ante el desespero de un candidato sin escrúpulos, sin recursos, o lo que es peor, sin propuestas. 

Lo interesante de esto es que políticamente, Nakayama estaba hundiéndose solo con su “campaña harakiri” sin agresión, caminando el aciago camino a la derrota hasta que Nenecho decide echarle sal a la sopa, volcando todos los reflectores hacia sus más notables carencias. Este chapulinesco episodio debería despertar a Nakayama, porque ha demostrado claramente que la gente ya no está para medias tintas o discursos tibios, el electorado necesita saber de qué lado está y si tiene lo que se necesita para vencer a un oponente que se tropieza solo.

Lo cierto y concreto es que a Nakayama no le queda mucho tiempo para demostrar la milenaria distancia que existe entre su candidatura y la de Nenecho.