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Si quedaba alguna duda de que la única función que le ocupa a la Fiscalía General de la República es ser un instrumento del poder político, hoy se ha esfumado. Luego de casi un mes de prisión preventiva de Efraín Alegre, deciden, sin más, dejarlo en libertad. 

Luego de acusarlo de un ilícito que en términos legales no pudo haber cometido: adulterar facturas de una campaña en la que Alegre era candidato a la presidencia, sin embargo, la ley establece sin lugar a equívocos que los candidatos no pueden ser administradores y, como consecuencia lógica, no pueden ser responsables de adulteración alguna en una rendición de cuentas, ni mucho menos configurarse ningún tipo de dolo. No obstante, la ley poco importó a la Fiscalía para imputar y despojar ilegalmente de su libertad al presidente del Partido Liberal.

Las conjeturas son varias, y la intención de causar mella en su imagen a través de la imputación y la difamación en los medios de prensa asociados es una de las más claras, probables y comprobables. En pleno año electoral, donde Alegre pretende reafirmar su preferencia en el electorado liberal, su encarcelamiento debía presuntamente debilitarlo, sin embargo, la medida surtió el efecto contrario. Alegre, quien desafió al sistema judicial en todo momento entregándose y rechazando cualquier medida que pretendían imponerle, terminó capitalizando la solidaridad de la ciudadanía y de la comunidad internacional, convirtiéndose en el primer preso político de la era democrática (a decir de sus adherentes y varias autoridades de la comunidad internacional), en un país que tiene mucho para recordar en lo que a violación de los derechos humanos se refiere. 

Intentar acallar su voz con la prisión es probablemente la peor estrategia diseñada jamás por un gobierno que carga el estigma de ser hijo de la oprobiosa dictadura stronista. «La cárcel será nuestra trinchera» había declarado Alegre antes de su ingreso, hoy desde esa trinchera, sale victorioso y con nuevos bríos de popularidad.

El presidente del partido opositor más importante recibió innumerables muestras de solidaridad de la comunidad local e internacional, entre ellos, el pronunciamiento del Grupo de Puebla, conformado por importantes autoridades políticas de Latinoamérica como la brasileña Dilma Rousseff, el español José Luis Rodríguez Zapatero, el ecuatoriano Rafael Correa, el colombiano Ernesto Samper, el chileno Enríquez Ominami, el mexicano Carlos Sotelo, entre muchos otros. También se pronunció toda la coalición del Frente Amplio uruguayo y prácticamente todas las autoridades partidarias de la oposición local.

Diversas manifestaciones y caravanas se gestaron en rechazo al encarcelamiento del ex candidato a la presidencia, en varias ciudades y departamentos del país exigiendo su libertad y el juicio político a la fiscala general Sandra Quiñonez. El día de ayer, en conferencia de prensa, Líder Amarilla, presidente interino del PLRA, había anunciado una gran manifestación ciudadana para este viernes en la capital del país. 

La presión ciudadana y las manifestaciones, que poco a poco iban ganando adeptos y subiendo de tono, pudieron ser el detonante para que la Fiscalía revea las medidas que le impusieron al líder opositor, y que toda la comunidad jurídica local e internacional calificaron no solo de innecesarias, sino de ilegales.

Lo cierto es que Efraín Alegre está hoy nuevamente en libertad y, luego de su estancia en la Agrupación Especializada, tiene el camino allanado para competir en las internas liberales, para las que anunció su candidatura desde su lugar de reclusión hace unas semanas.

A su salida, Alegre declaró que su libertad «es gracias a que la gente demostró su indignación ante los abusos y la arbitrariedad de la mafia en el Paraguay», aseguró que su salida es una victoria de la dignidad y que todos los sectores de la sociedad se unirán para vencer a la mafia.